Carta abierta a “El Cazador”

Esta ha sido la tercera vez que acudo a un concurso de televisión. En las dos ocasiones anteriores fue en “Ahora Caigo” y había logrado proclamarme campeón tanto de la Comunidad Valenciana, como de España. Sin embargo, en esta ocasión, me ha tocado experimentar la otra cara de la moneda. He cambiado las felicitaciones y entrevistas por el frío de un camerino en el que darle vueltas a tus errores. En un primer momento decidí no decirle nada a nadie y esperar que no vieran el programa, pero lo he pensado mejor. Creo que en las redes sociales solo vemos los logros de la gente, las victorias, la imagen de triunfadores felices que quieren mostrar ante el mundo. No obstante, por cada victoria hay varias derrotas que volvemos invisibles. Todo el mundo falla y los que no lo hacen es por una razón muy simple: han decidido no arriesgarse. Mostrar esta imagen endulzada y distorsionada de lo que es la vida al final solo genera frustración y tristeza en la gente que nos sigue. ¿Cómo alcanzar una vida que no existe, que es ficticia? Porque no nos engañemos, todos comparamos nuestra vida con la de los demás.

Por ello he decidido avisaros. A pesar de no tener mi mejor día y de que en el último momento me pudiera la presión. Me ahogué en la orilla pero creo que hice un papel digno.

También quiero dar las gracias a todo el equipo de “El Cazador”, por hacer que fuera una experiencia tan sensacional. A Ion Aramendi, tan majo delante como detrás de las cámaras, a Erundino, una persona a la que admiro muchísimo en toda su etapa televisiva y, sinceramente, fue un honor enfrentarme a él, incluso aunque me terminara cazando. También quiero agradecer el buen rato a mis compañeros y a todo el equipo de vestuario, casting, maquillaje, logística.  A Félix solucionando un pequeño contratiempo que tuve y a todos los demás. Pero, sobre todo, a Cristina, una de esas grandes profesionales cuya labor sucede detrás de las cámaras y muchas veces no tienen el reconocimiento que se merecen. Ella consiguió que nuestra experiencia fuera mucho más relajada y agradable, dándonos ánimos y explicándonos, con simpatía, en cada momento lo que teníamos que hacer. Porque no hay que olvidar que la mayoría de concursantes de televisión no se llevan dinero, pero todos vuelven a casa con una experiencia que no olvidarán durante el resto de su vida, y que este recuerdo sea agradable depende en gran medida de estas personas anónimas.

Muchas gracias y ojalá podamos volver a coincidir, en este o en otro programa.

PD: Al final soy un hombre de palabra y el lémur no puede llamarse Erundino, pero me comprometo a llamar así al siguiente animal del parque al que me toque poner nombre.

Joaquín del Turia