Carta abierta a “El Cazador”

Esta ha sido la tercera vez que acudo a un concurso de televisión. En las dos ocasiones anteriores fue en “Ahora Caigo” y había logrado proclamarme campeón tanto de la Comunidad Valenciana, como de España. Sin embargo, en esta ocasión, me ha tocado experimentar la otra cara de la moneda. He cambiado las felicitaciones y entrevistas por el frío de un camerino en el que darle vueltas a tus errores. En un primer momento decidí no decirle nada a nadie y esperar que no vieran el programa, pero lo he pensado mejor. Creo que en las redes sociales solo vemos los logros de la gente, las victorias, la imagen de triunfadores felices que quieren mostrar ante el mundo. No obstante, por cada victoria hay varias derrotas que volvemos invisibles. Todo el mundo falla y los que no lo hacen es por una razón muy simple: han decidido no arriesgarse. Mostrar esta imagen endulzada y distorsionada de lo que es la vida al final solo genera frustración y tristeza en la gente que nos sigue. ¿Cómo alcanzar una vida que no existe, que es ficticia? Porque no nos engañemos, todos comparamos nuestra vida con la de los demás.

Por ello he decidido avisaros. A pesar de no tener mi mejor día y de que en el último momento me pudiera la presión. Me ahogué en la orilla pero creo que hice un papel digno.

También quiero dar las gracias a todo el equipo de “El Cazador”, por hacer que fuera una experiencia tan sensacional. A Ion Aramendi, tan majo delante como detrás de las cámaras, a Erundino, una persona a la que admiro muchísimo en toda su etapa televisiva y, sinceramente, fue un honor enfrentarme a él, incluso aunque me terminara cazando. También quiero agradecer el buen rato a mis compañeros y a todo el equipo de vestuario, casting, maquillaje, logística.  A Félix solucionando un pequeño contratiempo que tuve y a todos los demás. Pero, sobre todo, a Cristina, una de esas grandes profesionales cuya labor sucede detrás de las cámaras y muchas veces no tienen el reconocimiento que se merecen. Ella consiguió que nuestra experiencia fuera mucho más relajada y agradable, dándonos ánimos y explicándonos, con simpatía, en cada momento lo que teníamos que hacer. Porque no hay que olvidar que la mayoría de concursantes de televisión no se llevan dinero, pero todos vuelven a casa con una experiencia que no olvidarán durante el resto de su vida, y que este recuerdo sea agradable depende en gran medida de estas personas anónimas.

Muchas gracias y ojalá podamos volver a coincidir, en este o en otro programa.

PD: Al final soy un hombre de palabra y el lémur no puede llamarse Erundino, pero me comprometo a llamar así al siguiente animal del parque al que me toque poner nombre.

Joaquín del Turia

¿Qué nos importa quién gobierne en EE UU?

En las últimas semanas un evento ha logrado codearse con la covid-19 en diarios e informativos, y no ha sido otro que las elecciones en Estados Unidos de América. Tras ellas parece que el presidente Donald Trump va a abandonar la Casa Blanca (no sin un largo proceso judicial). Este es un hecho celebrado por el resto de países. Existe un gran odio hacia ese personaje de bronceado radioactivo y peluquín anaranjado con su famoso «America first». Esta aversión no está exenta de motivos bien fundados, aunque, en muchos casos, se limita a opinión fácil en respuesta a campañas publicitarias muy bien orquestadas. Por otra parte, y echando la vista atrás, no sé si los españoles somos los más indicados para dar consejos sobre la elección de presidentes. Sin embargo, existen dos motivos por los que deberíamos alegrarnos de la derrota de Trump.

En primer lugar, su proteccionismo hacia el mercado norteamericano le ha llevado a poner grandes aranceles a los productos europeos. Justamente, uno de los principales receptores de nuestras exportaciones citrícolas era el país de las barras y estrellas. Esto ha producido unas pérdidas irreparables en un sector muy castigado, hasta el punto de que toneladas de naranjas y mandarinas se han quedado pudriéndose en los campos, pues no tenían salida y no era rentable recogerlas, llevando al borde de la ruina a muchos agricultores locales.

El segundo lugar, y sin duda más importante, el negacionismo del republicano hacia el cambio climático y su abandono del Acuerdo de París para frenar el calentamiento global. En este sentido, la irresponsabilidad de uno de los máximos dirigentes del mundo está amenazando el futuro de todos. Combatir los efectos que produce el hombre sobre el clima es una empresa difícil, pero que no podemos dejar de lado. Hace más de 30 años nos enfrentábamos a otro problema, el agujero de la capa de ozono. En aquella ocasión, se firmó el Protocolo de Montreal donde todos los Estados de las Naciones Unidas se comprometieron a limitar el uso de CFC. Como consecuencia de ello, hoy el agujero de la capa de ozono no solo no ha aumentado, sino que está disminuyendo. El cambio climático es un proceso mucho más grande, peligroso y complejo. Por eso, a día de hoy, seguir dando la espalda a la evidencia científica y no ver que procesos naturales como el efecto invernadero están siendo potenciados por la acción humana es simplemente una estupidez peligrosa. Es verdad que no conocemos con total certeza la gravedad de las consecuencias, ni hasta qué punto este aumento de las temperaturas va a producir reacciones en cadena que lo autorregulen en parte, o que lo retroalimenten positivamente, hasta producir un efecto desbocado. Solo sabemos que nos movemos en un rango entre malo y fatal. Por ello, si existe alguna posibilidad de limitarlo o incluso revertirlo, no nos podemos permitir el lujo de ignorarla, y esta posibilidad pasa porque todos los países, especialmente los más grandes, dejen de mirarse el ombligo y unan fuerzas. Grandes acuerdos como el que se alcanzó en París, no sé si serán suficientes, pero sin duda son el camino a seguir.

En conclusión, no puedo sino felicitar a Joe Biden por su victoria en las elecciones y esperar que, con sus actos, silencie las acusaciones de tibieza climática vertidas desde su propio partido, pues ello significaría un futuro mejor, no solo para los norteamericanos, también para el resto del mundo.

Artículo publicado el 09/11/2020 en Levante EMV. Puedes consultarlo en https://www.levante-emv.com/opinion/2020/11/09/importa-gobierne-ee-uu-22675137.html

La vaca que nos salvará del Coronavirus

Las vacunas, ese escudo contra tantas enfermedades, han saltado a la palestra de los medios de comunicación. Primero porque los grupos antivacunas fomentaron el pánico, poniendo en peligro al resto de personas, y ahora, debido a que parecen ser el único medio para volver a la normalidad. Muchos las esperan, defienden u odian pero muy pocos saben la historia que nos llevó a descubrirlas, salvando millones de vidas.

Todo comenzó en Berkeley, una pequeña localidad de Inglaterra, muy cercana a la frontera con Gales. Allí, en la primavera de 1749, vino al mundo Edwar Jenner. En aquella época más de la mitad de la población contraía la viruela en algún momento de sus vidas. De los infectados, un 20% fenecían por culpa de la enfermedad y muchos de los que la superaba quedaban ciegos. Esto implicaba más de 400.000 muertes cada año en Europa.

Nuestro protagonista ejercía como médico rural, y por ello, se vio obligado a lidiar con el problema de primera mano. Por aquel entonces solo existía un método para prevenir la enfermedad el cual  era conocido como variolización. Consistía en hacer una incisión en la piel, verter en ella polvos de las costras de una persona infectada por la viruela y luego cerrar la incisión. En la mayoría de casos, el paciente desarrollaba una viruela muy leve y quedaba inmunizado contra la enfermedad. El problema era que, en otros casos, el paciente desarrollaba la forma más agresiva de la enfermedad y acababa muriendo. Nadie estaba a salvo de ella, bueno, nadie excepto las lecheras, entre las que prácticamente no se daban casos.

Un día, Edward escuchó a una de las mujeres del pueblo afirmar que ella nunca cogería la viruela común porque ya había cogido la de las vacas. El médico, curioso, como buen científico, se interesó por aquel comentario y decidió investigarlo. Comprobó que la viruela de las vacas les producía una erupción en las ubres y que, al ordeñarlas, muchas de las lecheras se infectaban de ella, sufriendo algunos síntomas leves. Una vez restablecidas, ya no volvían a contagiarse de la enfermedad, ya fuera bovina o humana.

En 1796, probó a inocular el líquido de las pústulas de las lecheras a un niño de ocho años, el cual, primero sufrió la viruela de las vacas y, una vez recuperado, volvió a inyectarle la viruela humana mediante variolización. En ese caso, el niño, no solo no enfermó, sino que no sufrió ningún síntoma. Se había fabricado la primera vacuna y esto significaba que acabaría salvando millones de vidas en los años venideros.

El método se fue refinando, hasta ser el líquido de las propias pústulas de las vacas el inyectado,  así se evitaban el contagio de otras enfermedades que pudiera padecer el donante y,  también, la necesidad de tener gente infectada para la fabricación de las vacunas. Su éxito fue inmediato, tanto que a los pocos años, en mitad del conflicto que libró Inglaterra contra Napoleón, el caudillo corso liberó a una gran cantidad de prisioneros ingleses a cambio de que vacunaran a sus tropas.

Edward se volvió rico y famoso, incluso entró a formar parte de la Royal Society, pero no por descubrir las vacunas, sino por ser el primero en describir cómo los cucos parasitan los nidos de otras aves para que les críen a sus polluelos. A pesar de todo el reconocimiento, se negó a abandonar el pueblecito en el que vivía hasta el fin de sus días y en el que acabó convirtiéndose en alcalde.

Tuvo que transcurrir otro siglo hasta que Louis Pasteur fabricara las siguientes vacunas, al observar que al inocular microorganismos debilitados de una enfermedad se podía generar inmunidad contra ella.

Hoy en día el mundo mira con nerviosismo las noticias, a la espera de que se encuentre un remedio contra el virus que nos mantiene encerrados en esta “nueva normalidad”, pero muy pocos saben que si hoy tenemos la esperanza de encontrar una vacuna contra el Covid-19 es gracias a unas vacas, una lechera y un médico inglés muy observador.

Este artículo fue publicado en la revista ULUM. Podéis visitar la publicación original en este link: https://ulum.es/la-vaca-que-nos-salvara-del-coronavirus/

Las dos Españas y el medio ambiente

Hace doscientos años, Francisco de Goya y Lucientes pintó un cuadro que era, es y, por desgracia parece que seguirá siendo, un fiel reflejo del carácter genuinamente español. El cuadro se llama «Duelo a garrotazos» y en él se ve a dos hombres, uno enfrente del otro, enterrados hasta las rodillas, literalmente matándose a garrotazos. Un país en blanco o negro, donde impera el «estás conmigo o contra mí». Donde vale la pena recibir si con ello puedes atizar.

En estos últimos años, se ha visto que nuestros políticos  prefieren el extremismo y el enrocamiento a la concordia, como se pudo comprobar en las elecciones generales del pasado noviembre y en las descalificaciones del reciente debate de investidura. Esta actitud impregna cada una de sus políticas, incluyendo las que afectan a la protección del Medioambiente. Por un lado, el líder de VOX, al más puro estilo «primo de Rajoy» diciendo que el cambio climático no es un hecho; solo le faltó proponer el estudio del creacionismo en los colegios. Y, por el otro,  Más País, incluyendo en su programa la prohibición total de los transgénicos, una herramienta básica no solo para la agricultura o la producción de medicamentos, sino para la futura sostenibilidad.

Pero, en el fondo, poco les importa y buena prueba de ello ha sido que apenas asomó entre los debates políticos, sepultado entre cataluñas, reproches y la España vaciada. La protección de nuestro entorno parece transcendental cuando viene Greta Thunberg y se celebra el COP 25 pero, a la hora de la verdad, siempre vuelve a su rol secundario. Da la sensación de que un bando lo consideran una frivolidad de «rojos» y, el otro, está más preocupado en ponerse medallitas para sentirse bueno y moralmente superior que en tomar medidas eficaces.
Un ejemplo podría ser la propuesta del programa electoral de Unidas Podemos, el cual plantea cerrar las centrales nucleares en un plazo de 4 años y, además, reducir la utilización de combustibles fósiles promoviendo el uso de coches eléctricos. Estas medidas están muy bien pero, desafortunadamente, son completamente inviables a día de hoy, ya que una aumenta muchísimo el consumo eléctrico y, la otra, reduce drásticamente su producción. Eso sí, quedan muy bien sobre el papel.

Esta coyuntura sucede en la mayoría de temas polémicos que enfrentan y dividen, a pesar de que existen caminos que, de forma pausada, llegan al mismo punto sin hacer que se desenvainen los garrotes. Caminos que no prohíben, sino que alientan, que hacen que sean los gobernantes los que se manchen de barro las botas para evitar que el pueblo acabe de cieno hasta las orejas.

No obstante, hay motivos para la esperanza, como la voluntad que se entrevé en el posible nuevo gobierno de España para hacer las cosas bien en esta materia, o el anuncio del President de la Generalitat, Ximo Puig, proponiendo buscar un gran pacto verde basado en los objetivos de desarrollo sostenible establecidos por la ONU y que aúne a toda la sociedad valenciana. Recordemos que estos objetivos se refieren a acciones cuyo radio de influencia es tanto local como global. Es decir, estamos hablando de luchar contra la desertificación, especies invasoras, contaminación de las aguas o el cambio climático a la par que educamos a la población para que no sea parte del problema, sino de la solución.
Solo espero  que, cuando sea necesario, se actúe más con la cabeza y menos con el corazón, que escuchen a biólogos y científicos frente a populistas con pancartas y que construyan un camino que no sea transitable solo para los miembros de su club, si no que las dos Españas puedan avanzar juntas, aunque sea mirándose de reojo. Pues hay muchos asuntos más urgentes pero pocos más importantes.

Artículo publicado el Levante EMV https://www.levante-emv.com/opinion/2020/01/12/espanas-medio-ambiente/1965049.html

La evolución, Reina Roja y un sándwich literario.

Te propongo un viaje al pasado, más concretamente al 4 de Julio de 1862. Cerca de Oxford, una pequeña barca de madera surca perezosa las aguas del Támesis. Sobre ella viaja un pastor anglicano y tres niñas que piden insistentemente a un quinto ocupante que les cuente una historia. Este viajero era un matemático, escritor y fotógrafo llamado Charles Dodgson que posteriormente sería más conocido por el sobrenombre de Lewis Carroll.

Aquella mañana se sembró el germen de la que sería su gran obra, Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, cuya protagonista tomó prestado el nombre de Alice Liddell, la chica, que le animó a trasladar al papel la historia que les acababa de contar.

Una historia llena de juegos de lógica, geometría y cuestiones científicas, camuflados entre seres imaginarios y situaciones estrambóticas, sazonadas de ingenuidad infantil. Y es que, este profesor, intentó a lo largo de su obra llevar estos temas al lector medio, ya fuera mediante tratados académicos, problemas y paradojas, tanto para adultos como para niños, u ocultos entre las líneas de sus novelas.

Quizás fue casualidad, o quizás esta voluntad divulgadora se retroalimentó, consiguiendo, no solo acercar la ciencia al gran público, sino también, a los científicos a su obra.

Diferentes teorías y descubrimientos están relacionados de alguna forma con los mundos que él creó, siendo probablemente el más importante, la “Hipótesis de la Reina Roja”, sacada de su libro A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, donde la Reina decía:

“Lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio. Si se quiere llegar a otra parte hay que correr por lo menos dos veces más rápido”.

Algo similar ocurre con la evolución, pues una especie debe de estar continuamente adaptándose a su entorno para quedarse donde está, es decir, en equilibrio con el medio en que vive.  Por eso se ve inmersa en una carrera sin fin, pues a cualquier pequeño cambio de sus competidores se debe responder con una adaptación igual o superior si no quieres quedarte atrás.

Existen dos situaciones en las que esta hipótesis se ve de forma muy clara. Una serían las relaciones depredador-presa. Por ejemplo, si las gacelas aumentan la velocidad a la que pueden correr, los leones tendrán que hacer lo propio para seguir cazándolas, y si fuera al revés, serían las gacelas las que deberían correr más rápido o no tendrían posibilidad de escapar y acabarían siendo exterminadas sistemáticamente.

La otra serían los parásitos y sus hospedadores. Si los humanos desarrollaran resistencia a la infección por tenias, y estas no respondieran evolutivamente, terminarían extinguiéndose. Por el contrario, si la tenia lograra ser mucho más efectiva infectando a humanos, y estos no lo evitaran de alguna forma, se verían en problemas. Por eso ninguno puede dejar de correr, evolutivamente hablando, si lo que quieren es quedarse como están, y no ser adelantados, pues ello tendría fatales consecuencias.

Esta historia, que comenzó con la gestación de un libro, termina con otro. Pues el año pasado (2018) salió a la venta Reina Roja, escrito por Juan Gómez Jurado. Este apasionante thriller no tardó en escalar posiciones hasta convertirse en uno de los mayores éxitos editoriales de nuestro país.

Su título puede parecer una casualidad, o como mucho una referencia al personaje creado por Lewis. No voy a desvelar el porqué de nombrar así el libro, si lo quieres averiguar tendrás que leerlo. Solo puedo adelantarte que, si decides sumergirte en su historia, descubrirás que el autor ya conocía esta teoría evolutiva cuando decidió escribirla, y que probablemente, conseguirá hacerte brotar una sonrisa mientras ponemos la última rebanada de pan a este sándwich literario

Artículo publicado en ULUM https://ulum.es/la-evolucion-una-reina-roja-y-un-sandwich-literaio/

EL FRANCÉS QUE CASI ACABÓ CON EL LINCE IBÉRICO

Dos ojos amarillos acechan entre los matorrales. Es la mirada del que fuera, hasta hace poco, el felino más amenazado del mundo, el lince ibérico. Obligado a caminar sobre el alambre de la extinción por culpa de una negligencia humana, su historia nos alerta sobre los peligros que puede tener la ciencia mal utilizada.

Miles de años de evolución llevaron al único félido autóctono de la península ibérica a adaptarse para cazar la presa más abundante en el antiguo bosque mediterráneo. Demasiado pequeño para dedicarse a la caza mayor, jabalíes y ciervos quedaban fuera de su alcance, las aves eran más rápidas o se guarecían en el agua y los roedores no le aportaban suficientes calorías para justificar su caza. Esto le dejaba solamente una opción: el conejo.

A lo largo de milenios, su cuerpo se fue modelando y su habilidad refinándose hasta estar perfectamente adaptado para capturarlos. Se volvió un depredador especialista, el más efectivo. Pero todo tiene un precio. En este caso, la moneda que tuvo que pagar fue la pérdida de su capacidad y eficacia en la caza de otras presas. De esta forma, su destino quedó irremediablemente ligado al de esos lagomorfos de grandes orejas.

Por suerte para el lince, éstos eran tan abundantes que, cuando llegaron las legiones romanas, denominaron a esta región “Hispania”, cuyo significado más probable es “tierra abundante en conejos”. Fue definida como “la península cuniculosa” y su personificación mitológica era una dama sentada con un conejo a los pies, imagen acuñada en la moneda de la época.

Muchos años después, Armand-Delille, un famoso investigador en el campo de la bacteriología, vivía su retiro dorado en una apartada villa de su Francia natal. Allí tomó contacto con los agricultores locales, quienes le comentaban sus problemas con el exceso de conejos que habitaban sus campos y se alimentaban de los cultivos. Informándose sobre el tema, llegó a la conclusión de que el fenómeno no era un problema local, sino que afectaba a las cosechas de gran parte Europa.  Armand decidió investigar el asunto a fondo y descubrió que en Australia habían conseguido diezmar las hordas conejiles invasoras —allí es una especie introducida— mediante la propagación de una enfermedad denominada mixomatosis, la cual afectaba exclusivamente a los conejos, haciéndoles morir entre apatía, fiebre y ceguera.

A raíz de este descubrimiento, se le ocurrió la “genial” idea de infectar a dos conejos con la enfermedad para, a continuación, soltarlos en una finca cercana de la que no podían salir.  De este modo, podía experimentar en un entorno controlado cómo afectaba a una población reducida de estos animales. Lo que no tuvo en cuenta nuestro amigo fue que la enfermedad se transmite por pulgas, mosquitos y garrapatas, así que las verjas no fueron un obstáculo para que el virus se extendiera. El resultado fue que en tan solo un año, la población de conejos se había reducido a la mitad y en 4 años, el 95% de ellos había desaparecido.

Por este crimen fue multado, pero ganó para siempre la admiración de sus vecinos que llegaron a regalarle una famosa moneda en la que salía su efigie por una cara y por la otra un conejo muerto.

El brote no tardó en extenderse por Europa, afectando a muchos depredadores, pero sin duda, el mayor damnificado fue el lince ibérico. En menos de una generación pasaron de vivir en la abundancia a verse abocados al hambre, incapaces de capturar el alimento necesario para subsistir. Sus números cayeron en picado, y en muy pocos años se situaron al borde de la extinción. De 5.000 ejemplares en 1960 pasaron a solo 94 en libertad a principios de este siglo

Por suerte, parece que esta historia va a tener un final feliz. Se ha logrado, mediante sueltas masivas de conejos, control de los atropellos y programas tanto de cría como de reintroducción (estos últimos llevados a cabo gracias a los zoológicos y centros de recuperación), que salgan del peligro crítico en el que se habían sumido y ya sean casi 600 los fantasmas de ojos amarillos que habiten las sombras de lo que nunca dejó de ser su territorio.

Este artículo fue publicado en ULUM y podéis acceder a la publicación original a través de este link: https://ulum.es/el-frances-que-casi-acabo-con-el-lince-iberico/

La nit del foc

Hace poco más de 7 años, la ciudad de Valencia amanecía cubierta de un humo gris anaranjado y, desde cielo, se precipitaba una ligera lluvia de ceniza. Puedo recordar perfectamente aquel día. Me levanté de la cama extrañado por el resplandor y tras contemplar el espectáculo, encendí el ordenador para enterarme de lo que estaba pasando: “Valencia arde”, “Miles de hectáreas quemadas”, “Cientos de evacuados por las llamas que ya a afectan a múltiples municipios”, rezaban algunos titulares. Tras leerlos, me senté en el sofá, incrédulo y apretando con rabia los dientes.

Casi 60.000 hectáreas arrasadas, una persona muerta e incontables perdidas tanto naturales como materiales fueron el resultado. Pero, no todo fue malo. Por una vez, la sociedad valenciana estuvo unida de una forma que me recordó a las historias que contaban mis abuelos sobre “La Riuà” del año 57. Todos nos sentíamos impotentes y frustrados por no poder hacer nada para revertir la situación. Empezaron a crearse grupos en redes sociales, con el objetivo de ayudar en las futuras labores de repoblación forestal,  a organizarse recogidas de firmas y a exigir que se pusieran medidas para impedir que algo así volviera a suceder.

Sin embargo, pasó el tiempo, el espejismo se desvaneció y todo volvió a la normalidad. Cada uno siguió con su vida, olvidándose de ello hasta el verano siguiente. Y es que, parece que con el frío el problema se apagará.

Resulta curioso cómo en esta época de confrontación política en la que vivimos, los partidos usan el tema cual arma arrojadiza para atacar a la otra hinchada. Especialmente, quien se encuentra en la oposición, ataca las medidas (o la falta de ellas) del gobernante para luego cambiar las tornas. Eso sí, en verano, cuando le ven las orejas al lobo, y es que, hasta las invitaciones a alcanzar acuerdos van cargadas de veneno. ¿No se dan cuenta de que, en el fondo, todos deberían coincidir en lo mismo?: hay que prevenir eficazmente el fuego y combatirlo en caso de que llegue a producirse. El Consell Valenciá de Cultura, por iniciativa de su presidente Santiago Grisolía, ha propuesto reiteradamente que los incendios sean considerados “Crímenes contra la Humanidad”  ¿Tan difícil sería, por una vez, dejar de discutir, como en la fábula de Tomás de Iriarte, sobre si son galgos o podencos y elaborar un plan efectivo y consensuado antes de que fuego nos devore? Es necesario un gran pacto medioambiental que, frente a intereses partidistas ponga por delante el interés de nuestro entorno, bosques, humedales, playas… y de la flora y fauna que en ellos habita. En definitiva de nuestro patrimonio natural. De esta forma, dejaríamos de estar al albur de presupuestos y cambios de gobierno que solo hacen que repercutir negativamente en una gestión, que en la mayoría de casos, debe hacerse a largo plazo. Beneixama, Pego y Rafelguaraf son los tres avisos que hemos recibido este año, esperemos que no sean la señal que prende la mecha de una nueva “Nit del Foc”.

Artículo publicado en Levante EMV podéis leerlo en el siguiente link: https://val.levante-emv.com/opinion/2019/08/02/nit-foc/1907677.html

LOS GUARDABOSQUES DEL MAR Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

¿Quieres saber qué relación tienen los complementos de piel del siglo XVIII con los bosques submarinos y el cambio climático? Entonces no puedes perderte esta historia.

Su protagonista es el mustélido más pesado que existe, y a su vez, uno de los mamíferos marinos más pequeños. Estamos hablando de la nutria marina. Antaño en el Pacífico vivía casi un tercio de millón de estos animales. Sin embargo, aquello que les había permitido medrar en los océanos, a punto estuvo de ser su perdición, y no es otra cosa que su piel.

Y es que, esta especie tiene un pelaje único, pues con más de 155.000 pelos por centímetro cuadrado, es el más denso de todo el reino animal. De esta forma consigue atrapar una capa de aire que la mantiene relativamente seca y cálida en las frías aguas donde  habita. Tan peculiar es esa piel que, a día de hoy, la ciencia sigue intentando recrearla para generar nuevos tejidos impermeables.

Pero no es solo peculiar, sino que fue muy apreciada para la confección de complementos. Esto llevó a su caza indiscriminada, y tanto fue así que, entre 1741 y 1911, su población se redujo hasta apenas 1000 ejemplares. En esos últimos años, el precio de sus pieles se disparó, desde poco más de 100 dólares en 1880 a más de mil en 1903.

No obstante, para descubrir la relación entre las nutrias y el cambio climático, debemos entender dónde viven y de qué se alimentan.

Una parte de las zonas donde habitan están formadas por los denominados bosques de kelp. Estos, son unos bosques submarinos repletos de biodiversidad, sustentados por unas algas gigantescas denominadas quelpos gigantes. Estos verdaderos “árboles” submarinos pueden llegar a medir entre 30 y 80 metros.

En estos parajes, las nutrias son una especie clave para un fenómeno denominado cascada trófica. En él, la desaparición de una especie determinada, normalmente depredadora, es la causa de una desestabilización en el medio que acaba afectando a todas las demás. En este caso, nuestras protagonistas se alimentan de peces, de bivalvos como los mejillones y en gran medida de erizos de mar. Si las nutrias desaparecen, las poblaciones de erizos de mar empiezan a crecer sin control. Y ¿adivináis qué comen los erizos de mar? Pues sí, se alimentan de los quelpos y acaban matándolos. Esto produce que los bosques se vuelvan cada vez menos densos, e incluso, los hace desaparecer completamente, dejando un ejército de erizos que terminan muriendo de hambre tras devorar la última alga y que, a su paso, como el caballo de Atila, han asolado campos donde no volverá a crecer la hierba.

Como consecuencia, no solo queda una zona prácticamente desierta en mitad del océano, sino que, las algas que sirven como base de los ecosistemas desaparecidos, tienen una extraordinaria capacidad de absorber el CO2, siendo auténticos pulmones submarinos (o branquias) para nuestro planeta, ayudando a eliminar grandes cantidades de este gas de efecto invernadero.

Por suerte, en su hora más oscura, una moratoria internacional prohibió la caza de nutrias marinas, y durante el siglo XX su recuperación ha sido uno de los mayores éxitos en especies marinas, consiguiendo que volvieran a habitar dos tercios de sus territorios originales. Sin embargo, todavía siguen en peligro de extinción. Y es que, una serie de derrames de petróleo sumados a su alta mortalidad por quedar atrapadas en los abalorios de pesca, han frenado en seco su recuperación en ciertas áreas.

Esta historia aún no ha acabado, las nutrias no son la solución al cambio climático, constituyen simplemente un ladrillo de la gigantesca jenga con la que estamos jugando y que terminará por aplastarnos cuando caiga. Pero se ha sugerido que sería más efectivo, para reducir el CO2 de la atmósfera, invertir dinero en su conservación en lugar de muchos de los planes que se realizan actualmente para frenar las emisiones.  Y es que, aunque la mayoría no los veamos, los bosques submarinos nos ayudan a todos. Y no mereceríamos ningún perdón si acabáramos con esos guardabosques del mar que duermen dándose la mano para asegurarse de que al despertar no los ha separado la marea.

Este artículo a sido publicado en https://ulum.es/guardabosques_mar/

Más información:

Wilmers, C. C., Estes, J. A., Edwards, M., Laidre, K. L., & Konar, B. (2012). Do trophic cascades affect the storage and flux of atmospheric carbon? An analysis of sea otters and kelp forests. Frontiers in Ecology and the Environment10 (8), 409-415.

ÁRBOLES PARLANTES, ANTÍLOPES MUERTOS Y UN FRACASO EN HOLLYWOOD

Un sol inmenso y rojo como el fuego que lo alimenta empieza a asomarse tras la delgada línea del horizonte. Su luz va llenando poco a poco una vasta extensión de sabana conocida como el Parque Nacional de Kruger, en el Nordeste de Sudáfrica. Esta antigua reserva de caza es, a día de hoy, el hogar de los famosos cinco grandes de África, es decir, elefantes, búfalos, rinocerontes, leones y leopardos. Pero no están solos,  comparten su hogar con muchas otras especies menos carismáticas, como unos antílopes llamados Kudus.

Todo parecía funcionar relativamente bien hasta que en 1990 aparecieron 3000 kudus muertos en un intervalo de tiempo muy corto y nadie entendía el motivo. No habían sido atacados por depredadores, y la causa parecía ser un daño muy grande en el hígado producido por un envenenamiento. Pero ¿con qué y quién?

Dispuesto a responder a estas preguntas, el zoólogo surafricano Wouter van Hoven, se encaminó a la reserva. Lo primero que le llamó la atención es que los antílopes habían sido trasladados a una zona amplia, pero cerrada, en el centro del parque, la cual compartían con jirafas. En esa zona, los árboles predominantes con mucha diferencia eran las acacias. Y van Hoven observó que las jirafas elegían de qué árboles comer, mientras que los pobres Kudus no podían permitirse ese lujo, y tenían que alimentarse solo de aquellos árboles con ramas más bajas.

Hizo sus anotaciones y decidió estudiar otras poblaciones salvajes.  Entonces observó que en completa libertad, tanto los antílopes como las jirafas, solían comer de aquellas acacias que crecían alejadas de otros árboles. Esto le llevó a sospechar que las acacias podían ser la clave. Cogió muestras de los árboles  donde estaban muriendo los antílopes y  ¡bingo!, tenían concentraciones de unas sustancias llamadas taninos muy altas, tanto, que volvían a las hojas venenosas.  Pero, ¿por qué sucedía esto? Con el paso del tiempo la investigación continuó y descubrió que cuando una acacia está siendo comida libera etileno al aire. Este gas es detectado por aquellos árboles que se encuentran a menos de 45 metros, los cuales, aumentan sus niveles de taninos hasta volverse venenosos.

Y por eso murieron los kudus, los encerraron en un lugar donde al poco tiempo todos los árboles de los que podían alimentarse eran venenosos.

Pero aún hay más porque, esta historia, sirvió de inspiración a la película de terror apocalíptico, El Incidente, dirigida por M. Night Shyamalan. Shyamalan había sido el ojito derecho de Hollywood, el nuevo Spielberg, desde que dirigiera El Sexto Sentido. Sus siguientes trabajos como Señales o El Bosque fueron exitosos.  Sin embargo, la película El incidente fue la que hizo que tanto el público como la crítica le dieran la espalda, llevándole a 7 años de films progresivamente peores, de las que, por suerte, parece haber conseguido resurgir en los últimos años con largometrajes de tanto nivel como la famosa Múltiple.

Esta historia es una buena muestra de que en la biología muchas ramas de estudio se entrelazan, y explica cómo un zoólogo que decidió estudiar el comportamiento animal para aclarar unas muertes acabó haciendo importantes descubrimientos sobre comunicación vegetal. Y también del efecto mariposa,  ya que la decisión de cercar unos antílopes en un parque Nacional Sudafricano a punto estuvo de acabar con una de las carreras más prometedoras de Hollywood.

Artículo publicado en Ulum, podéis ver la publicación original en https://ulum.es/arboles-parlantes-antilopes-muertos-y-un-fracaso-en-hollywood/

Zoológicos de ayer y de hoy.

Tarzán, Turita, Rómulo… son nombres que en mayor o menor medida trasladan a los valencianos a su infancia, a excursiones del colegio o a mañanas de domingo en familia visitando el antiguo zoo de Viveros. Sin embargo con el paso de los años ibas creciendo y descubrías el reverso oscuro de aquel parque, hipopótamos que solo podían bañarse en unas diminutas piscinas, felinos paseando incansablemente de un lado al otro de la reja o elefantes sin espacio para andar serían sólo algunos ejemplos.
Por suerte, estas estampas forman parte del pasado y los buenos zoológicos actuales no tienen nada que ver con esa imagen de casa de fieras en la que muchos se han anclado.

El zoo moderno, no solo tiene el deber de proporcionar a sus animales las mejores condiciones posibles, sino que debe investigar para mejorar sus vidas, tanto de los cautivos como de los salvajes, además de donar una parte de su recaudación a la conservación y restauración de los ecosistemas amenazados. Estas instituciones reciben alrededor de 700 millones de visitas anuales e invierten en conjunto más para salvar el planeta que cualquier ONG, a excepción de WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza). Por ello, son una de las mejores herramientas para concienciar a la sociedad del problema que estamos causando, antes de que sea demasiado tarde, no solo para los animales, si no también parta nosotros.

Y es que, actualmente nos encontramos en la sexta extinción. Una extinción producida por el hombre, poniendo en peligro a un millón de especies, o lo que es lo mismo uno de cada ocho animales y plantas conocidos. Estos números muestran que, si bien la naturaleza nunca fue ese jardín del Edén que nos vende el ecologismo más idealista, actualmente ni se le parece. Cada especie en peligro de extinción son miles de animales viviendo en un estado tan lamentable que ni si quiera pueden sobrevivir lo suficiente como para tener descendencia capaz de salir adelante.

Sin embargo, sería muy cínico decir que todos los seres vivos que mantienen en cautividad están bien, muchas especies no deberían estarlo. Pero, no menos cínico sería afirmar que, por norma, viven peor que sus homólogos salvajes. Tampoco se puede negar que los zoos podrían hacer más, mucho más por la conservación del medio ambiente, pero todo camino tiene un proceso. San Diego, Paignton, Chester, el Bronx… son modelos a seguir y hacia los que caminan, quizás demasiado despacio, pero lo hacen, gran número de parques.

Por eso me duele tanto el proyecto para el cierre encubierto del Zoo de Barcelona, uno de los más comprometidos de la península. Al que, primero, han «independizado» de la comunidad zoológica internacional, para luego, dejarlo morir lentamente, con solo un puñado de especies, principalmente autóctonas, y apostando por recreaciones interactivas. Todo esto sin valorar que no existen Rómulos, Turitas ni Copitos de Nieve virtuales y que un holograma nunca tendrá un hueco en la memoria de los barceloneses, ni les hará replantearse su visión del mundo.

Con la aprobación del proyecto Zoo XXI ha ganado el falso buenismo, y no se han dado cuenta de que, muchas veces, los cementerios están llenos de buenas intenciones.

Artículo publicado en Levanta EMV.

https://www.levante-emv.com/opinion/2019/05/22/zoos/1878448.html