La vaca que nos salvará del Coronavirus

Las vacunas, ese escudo contra tantas enfermedades, han saltado a la palestra de los medios de comunicación. Primero porque los grupos antivacunas fomentaron el pánico, poniendo en peligro al resto de personas, y ahora, debido a que parecen ser el único medio para volver a la normalidad. Muchos las esperan, defienden u odian pero muy pocos saben la historia que nos llevó a descubrirlas, salvando millones de vidas.

Todo comenzó en Berkeley, una pequeña localidad de Inglaterra, muy cercana a la frontera con Gales. Allí, en la primavera de 1749, vino al mundo Edwar Jenner. En aquella época más de la mitad de la población contraía la viruela en algún momento de sus vidas. De los infectados, un 20% fenecían por culpa de la enfermedad y muchos de los que la superaba quedaban ciegos. Esto implicaba más de 400.000 muertes cada año en Europa.

Nuestro protagonista ejercía como médico rural, y por ello, se vio obligado a lidiar con el problema de primera mano. Por aquel entonces solo existía un método para prevenir la enfermedad el cual  era conocido como variolización. Consistía en hacer una incisión en la piel, verter en ella polvos de las costras de una persona infectada por la viruela y luego cerrar la incisión. En la mayoría de casos, el paciente desarrollaba una viruela muy leve y quedaba inmunizado contra la enfermedad. El problema era que, en otros casos, el paciente desarrollaba la forma más agresiva de la enfermedad y acababa muriendo. Nadie estaba a salvo de ella, bueno, nadie excepto las lecheras, entre las que prácticamente no se daban casos.

Un día, Edward escuchó a una de las mujeres del pueblo afirmar que ella nunca cogería la viruela común porque ya había cogido la de las vacas. El médico, curioso, como buen científico, se interesó por aquel comentario y decidió investigarlo. Comprobó que la viruela de las vacas les producía una erupción en las ubres y que, al ordeñarlas, muchas de las lecheras se infectaban de ella, sufriendo algunos síntomas leves. Una vez restablecidas, ya no volvían a contagiarse de la enfermedad, ya fuera bovina o humana.

En 1796, probó a inocular el líquido de las pústulas de las lecheras a un niño de ocho años, el cual, primero sufrió la viruela de las vacas y, una vez recuperado, volvió a inyectarle la viruela humana mediante variolización. En ese caso, el niño, no solo no enfermó, sino que no sufrió ningún síntoma. Se había fabricado la primera vacuna y esto significaba que acabaría salvando millones de vidas en los años venideros.

El método se fue refinando, hasta ser el líquido de las propias pústulas de las vacas el inyectado,  así se evitaban el contagio de otras enfermedades que pudiera padecer el donante y,  también, la necesidad de tener gente infectada para la fabricación de las vacunas. Su éxito fue inmediato, tanto que a los pocos años, en mitad del conflicto que libró Inglaterra contra Napoleón, el caudillo corso liberó a una gran cantidad de prisioneros ingleses a cambio de que vacunaran a sus tropas.

Edward se volvió rico y famoso, incluso entró a formar parte de la Royal Society, pero no por descubrir las vacunas, sino por ser el primero en describir cómo los cucos parasitan los nidos de otras aves para que les críen a sus polluelos. A pesar de todo el reconocimiento, se negó a abandonar el pueblecito en el que vivía hasta el fin de sus días y en el que acabó convirtiéndose en alcalde.

Tuvo que transcurrir otro siglo hasta que Louis Pasteur fabricara las siguientes vacunas, al observar que al inocular microorganismos debilitados de una enfermedad se podía generar inmunidad contra ella.

Hoy en día el mundo mira con nerviosismo las noticias, a la espera de que se encuentre un remedio contra el virus que nos mantiene encerrados en esta “nueva normalidad”, pero muy pocos saben que si hoy tenemos la esperanza de encontrar una vacuna contra el Covid-19 es gracias a unas vacas, una lechera y un médico inglés muy observador.

Este artículo fue publicado en la revista ULUM. Podéis visitar la publicación original en este link: https://ulum.es/la-vaca-que-nos-salvara-del-coronavirus/